Análisis, Con los ojos abiertos

Atreverse a ser uno mismo

atreverse a ser uno mismo

La elección más complicada y valiente, sin duda, será tu mejor actuación: ser uno mismo. Y poder mantener esto en la cotidianidad que se esfuerza por transmitir una imagen de nosotros que genere alabanza

La entrevista es un género periodístico maravilloso. Junto al reportaje son mis preferidos, creo que por esa licencia que tiene el profesional de profundizar en lo tratado, pero también por permitir la observación y la escucha: dos auténticos placeres.

En una de las muchas entrevistas que disfruto habitualmente, una periodista formuló una pregunta a un actor coreano aparentemente sencilla, de esas que desecharías en un primer momento para el cuestionario. Sin embargo, el receptor la convirtió en ‘buena’ con la respuesta. “¿Cuál es tu mejor actuación?”, vino a decir ella. “La mejor actuación es ser uno mismo”, dijo él. Seguramente, ella buscaba concreción (o eso prejuzgo yo). Él optó por escapar de esa enredadera que es lo corriente  y se decantó por un poquito más de profundidad.

Parece evidente que, como en esa respuesta, nos pasamos la vida decidiendo. Manga corta o manga larga, croissant o tostada, verdad o mentira. La elección más complicada y valiente, sin duda, será tu mejor actuación: ser uno mismo.

He intentado no caer en lo evidente porque contiene clichés a veces injustos. Pero algo sí que entraremos. A día de hoy, lo cotidiano es esforzarse por transmitir una imagen de nosotros que pensamos será la más aceptada o la que despertará más alabanza, envidia quizá, incluso más posibilidades de alcanzar ese concepto prostituido, el ‘éxito’. Es por ello, entre otras razones, por lo que existe una utilización de las redes sociales tan instantáneas y fugaces, con esas 24 horas en las que desaparece el estado de lo que queremos hacer creer que somos.

Si pensamos un poco más allá nos damos cuenta que salvando los momentos de autenticidad en esos escaparates -que también existirán seguro-, gastamos más tiempo en ese fin que en actuar coherentemente dejando al descubierto cómo somos, que es tanto como decir quiénes somos.

La coherencia de actuar tal y como somos

Admirar es aceptar con modestia que algo que es propio de una persona, un lugar, incluso un objeto, nos puede resultar deseable. Me declaro admirador de las personas heroicas que entre el ser y el parecer se decantan por lo primero. Y es que no deja de ser valiente no dar valor a unas miradas compasivas, sonrisas sarcásticas o palabras hirientes que no desprenden otra cosa que una profunda inseguridad y envidia. Esos juicios cotidianos de las personas vulgares. Porque, no nos engañemos, quien es coherente no se afana en demostrarlo, simplemente actúa como tal.

La actuación, ya sea como profesión o en el día a día, es elegir lo que ofrecemos a nuestro entorno. Lo que rebosamos es lo que estamos dispuestos a regalar. Digamos que habla, en líneas generales, de nuestro grado de generosidad pero, principalmente, desvela lo que queremos hacer con nuestra vida.

Concluiremos que el confinamiento fue una experiencia extrema para cada uno de nosotros. Una circunstancia vital para la que no nos avisaron ni prepararon. Sin embargo, las personas que salieron más airosas fueron aquellas que han introducido la coherencia en sus vidas. No olvidemos que más allá de vivirlo acompañado o solo, resultó un gigantesco y precioso reto personal en el que uno debía convivir consigo mismo. La  imagen externa pasó a un plano secundario y llegaron las dificultades para quienes no se acomodaron a eso. Aún hoy siguen sin aprender la lección.

Definitivamente, el camino más corto para encontrar la felicidad (a ratos), sin duda, será atreverte a ser cómo eres. Encontrar esa coherencia pasa por la aceptación personal (la única posible). Ríe, lee, habla, escucha, observa y siente. Cada vez más personas optan por vivir así, como una habitación que se va llenando lentamente. Es confortable y satisfactorio. Pásate un día. Quizá sea ese sitio en el que no tienen cabida preguntas evidentes. ¿La mejor actuación? Responde sin miedo.

Ángel Martín

Periodista

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