Con los ojos abiertos, Tomando conciencia

Imprevistos, los enemigos del control

Imprevistos, los enemigos del control

Cuando entendamos que no tenemos el control de nada de lo que sucede, seremos más flexibles y podremos huir de la frustración para buscar nuevas alternativas

Seguro que te habrán dicho muchas veces eso de que “no tienes el control de nada” o que “dejes de intentar controlar las cosas”. Lejos de ser una frase que pueda ser molesta según en qué momento, es toda una indicación de lo que deberías tener en cuenta si no quieres que los imprevistos te lleven a una constante frustración.

Los imprevistos son los enemigos del control, una mala noticia si tenemos en cuenta que aparecen cuando menos te lo esperas y cuando menos lo necesitas; ese es su encanto. Y resistirte a ellos solo te llevará a que la ira se apodere de ti y que entres en un estado de mal humor porque las cosas no han salido como estaban planeadas. Porque el deseo de control tiene un aliado peligroso: la expectativa, la creencia a que las cosas saldrán según lo planeado. Es decir, proyectas el final de cada suceso según el ritmo que debe seguir. La cuestión es que, en la mayor parte de las circunstancias, siempre surge algo que hace que el plan A empiece a tambalearse.

La flexibilidad como herramienta

La mejor opción en caso de que seas una persona que le guste tener el control sobre lo que organiza o planea es ser flexible al imprevisto, teniendo siempre plan B y C (hasta la Z si hace falta) en caso de que algo se tuerza. De esto bien saben los organizadores de eventos en cada una de sus jornadas. Esto se traduce en tener claro cómo queremos que salga el plan, pero entender que puede no salir de esa manera y que sabremos solucionarlo sin perder los nervios ni entrar en crisis.

Deberíamos sonreír y respirar sabiendo que todo puede salir mal, con la confianza de que todo saldrá de la manera correcta.

Aquí podemos aplicar la no-reacción entendida desde el aspecto emocional: intentar bloquear que la parte más primitiva se nos active y que nuestra mente emocional reaccione de forma impulsiva, para darnos tiempo y que nuestra mente racional busque soluciones y se active. Es como aquella imagen del farero que le viene la ola y él sigue ahí, parado como si nada.

¿No te ha pasado que has visto a alguien cerca ante un momento en el que todo empieza a empeorar y en vez de dejarse llevar por la situación, se mantiene firme en su posición sin alterarse? No quiere decir que no le importe, sino que tiene la confianza en que todo ha salido como debía salir y que se pueden buscar soluciones.

Perder el control

La solución para que los imprevistos no sean un obstáculo es ceder ante el control y renunciar a él, ya que en ningún momento podemos tenerlo. Es sonreír y respirar sabiendo que todo puede salir mal, con la confianza de que todo saldrá de la manera correcta. Aquí puedes aplicar el principio budista de que ‘todo lo que sucede es perfecto’, ya que te ayudará a relajarte.

¿Cuántas veces algo que en apariencia no ha salido como estaba previsto te ha llevado a grandes momentos y logros posteriores? Todo actúa como una cadena en nuestra vida y hasta lo que creemos que ha salido mal, nos demuestra con el tiempo que salió de la mejor forma que podría haber salido.

Deja de querer controlar tus días y tu tiempo. Permítete ser flexible. Y empieza a vivir en libertad haciendo del imprevisto una anécdota que sortear sin problema.

Lydia Martín

Periodista, comunicadora e inspiradora. Especializada en PNL. Directora de VivirConLosOjosAbiertos

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