Análisis, Con los ojos abiertos

La positividad ¿tóxica?

la positividad ¿tóxica?

Frases como ‘Tú puedes con todo' no siempre ayuda a quienes están pasando por un momento que no saben gestionar. Tal vez sería mejor admitir que, a veces, está bien 'no poder con todo' y sentir cada emoción que nos aborda

Desde bien pequeños nos enseñan a ser fuertes, a vencer a las bestias disfrazadas de adversidades. Nos inundan la cabeza con frases de superación, de lucha y del conocido apoyo moral. El tiempo me ha hecho ver que lo que considerábamos apoyo a veces solo eran tintes de positivismo tóxico. Este término esconde tras de sí un grave problema, ya que inhibe nuestras emociones negativas, creyéndose olvidadas, pero que poco a poco rasgan nuestra querida paz mental.

Hace unas semanas me di cuenta de que endiosar a una persona por su talento o aptitudes es cargar sobre ella un peso con el que deben lidiar a diario. Piensan que si no superan o alcanzan las expectativas que nosotros hemos impuesto sobre ellas mismas, habrán fracasado. Y es aquí cuando me pregunto ¿realmente está bien lo que hacemos? Porque sí, todos lo hemos hecho alguna vez sin ser conscientes de ello, pensando que así ayudábamos al otro. Nada más lejos de la realidad; se trata de una idea poco acertada, pero que, a fin de cuentas, es la que nos han enseñado siempre. Podemos ser todo lo fuerte que queramos, pero está bien de vez en cuando dejar paso a la tristeza o la desesperación para superarlos, ya sea entre lágrimas o no ¿qué más da? A todos nos gusta que nos animen y nos apoyen en nuestros días más nublados, pero las palabras mágicas “anímate, si tú eres el mejor”, no siempre son tan válidas como creemos. Esa frase puede producir cierta rabia. No soy una máquina, no soy la mejor. Simplemente soy yo, una persona con sus errores y sus aciertos, sencilla. ¿Por qué mejor no decimos, “no te preocupes, está bien no poder con todo”? 

¿Por qué mejor no decimos, “no te preocupes, está bien no poder con todo”?

Apoyar al otro no es decirle lo que quiere oír, sino simplemente escuchar y tenderle la mano. Apartar nuestras emociones negativas no es un camino del que debamos huir, porque, tarde o temprano, terminan brotando de una manera u otra; enfados sin sentido, gritos innecesarios, cansancio mental, agotamiento físico o nudos en el estómago. Si queremos a las personas que nos rodean, no les hagamos sentir que deben alcanzar unas metas que, quizás, ponemos sobre ellos porque nosotros mismos no somos capaces de llegar.

De fracasos a éxitos

Positivismo tóxico también es pensar que el mérito y el éxito se miden por la cantidad y calidad de lo que hacemos. Una idea absurda que solo genera frustración si no logramos lo que se supone que debemos hacer para ser alguien en esta vida. Para mí, mis fracasos son todo un éxito, aprendo de ellos y continúo. Luchar por nuestros sueños, a pesar de los obstáculos, también es triunfar.  

Al final, de una cuestión pasamos a la siguiente: ¿qué esperan de mí?, una gran pregunta sin respuesta. Ni yo misma lo sé. A veces ando por la calle con los ojos abiertos, pero sin ver, cansada de llevar sobre mis hombros el peso de una responsabilidad que no me corresponde, de un esfuerzo por el que no debo pagar. ¿Qué quiero o qué quieren? Dos cuestiones en una que me abordan la mente de una manera tan abrumadora como la sensación de nadar en mar abierto. Es entonces cuando más miedo tengo, me siento vacía, me quedo inmóvil.

Liberemos todo aquello que nos inunda sin consuelo y que no nos deja respirar. No intentemos controlar y ni que controlen nuestras emociones. Nadie mejor que nosotros mismos sabe hasta dónde podemos llegar. De ahí la conocida y poco trabajada ‘confianza en uno mismo’. Nos pasamos la vida intentando complacer a los demás, en busca de su aprobación o cariño.

Liberemos todo aquello que nos inunda sin consuelo y que no nos deja respirar. No intentemos controlar y ni que controlen nuestras emociones.

Por un momento, mira por encima de todo aquello que tienes delante y dime, de todo lo que ves, ¿qué es lo que realmente has hecho porque te gustaba a ti? Quizás te des cuenta de que la mitad de las cosas que has hecho no son porque las sintieras tú, sino que se trata de un camino ya construido, y que simplemente debías limitarte a seguir.

Normalicemos tomar el camino equivocado, llorar, tener miedo y estar mal. Y si nos quieren, solo vale con estar a nuestro lado y decir “estoy aquí”.

Marta Martínez Andrés

Periodista y documentalista

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