Análisis, Con los ojos abiertos

Otros tiempos

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Añoramos ‘lo de antes’ de la Covid, pero tal vez no nos hemos parado a pensar qué era eso concretamente o hasta qué punto nos beneficiaba para poder centrarnos en el presente

Decía John Lennon aquello de “la vida es aquello que sucede mientras estás ocupado haciendo otros planes”. Imposible mejorar a Lennon, ni siquiera acercarse a kilómetros, así que no haré el intento; pero podríamos dejar por escrito la obviedad de que la vida se compone de tiempos (pasado, presente y futuro) y tú eliges cuál quieres vivir.

De un tiempo a esta parte -etapa pre Covid- se vino a abrazar por mi generación (quizás ni tan joven ni tan viejo como titularon a Sabina) el Carpe Diem, esa filosofía heredada de la literatura que, basada en la más absoluta racionalidad, invita a vivir el único tiempo cierto, el presente, el que está frente y junto a nosotros, el que puedes oler, tocar y sentir. Sin embargo, la pandemia que todo – o gran parte – de nuestras vidas cambió, ha provocado que en el inconsciente colectivo se ponga en duda la importancia del tiempo presente, despreciándolo y despojándolo de su incomparable valor, porque “ya no podemos hacer lo de antes”.

La duda es saber qué es exactamente el motivo de añorar ‘lo de antes’ y su importancia real. Si lo de antes son los abrazos a los amigos, el beso a tu madre o a tu abuelo, viajar, cruzar fronteras para disfrutar de personas queridas, si eso es lo de antes, encuentra el respeto, la comprensión y la empatía en estas palabras y en quien las escribe. Si lo de antes es llevar la superficialidad a la máxima expresión, poner un ritmo frenético para decir en ‘histories’ a cientos de followers lo que callas al que tienes al lado; si es abrazar y venerar como a un dios a ese consumismo  caprichoso, vacío e irrespetuoso con el planeta que casi todos hemos comprado; si eso es lo de antes, no veo motivos para la nostalgia.

Despreciamos el tiempo presente como si éste fuera recuperable con la soberbia de quien cree que no es irrecuperable, como si no mereciera, con Covid o sin Covid, ser tratado como el tesoro que es.

La idealización del pasado

La autocompasión y pesimismo que se ha instalado en la sociedad, promovida por los que, por falta de profundidad personal o interés económico o político, están interesados en que creamos que este tiempo que vivimos es de menor ‘calidad’ que el anterior, nos convierte en desgraciados sin un motivo real.

La idealización del pasado y los mensajes negativos con los que nos bombardean mañana, tarde y noche facilitan que descartemos la ‘felicidad’, porque “así es imposible”.

Pero no lo es: basta con dejar de mirarnos el ombligo por un rato y rebelarse contra esa máxima que dice, como oí de pequeño, que hoy nos importa la baldosa que pisamos. Porque si miramos más allá descubriremos que, también en pandemia, la gran mayoría de nosotros somos unos privilegiados, que nuestra felicidad no depende del virus sino de aceptar el regalo que surge como un milagro cada mañana. Que nuestra preocupación es cuándo nos vacunaremos, mientras que en gran parte del planeta no lo harán jamás; que es una oportunidad mirar hacia adentro de cada uno de nosotros y no un castigo que, como cantó Arjona, nosotros hacemos dietas mientras otros tienen hambre, que no es tan grave, en definitiva.

Si ahora tenemos más difícil abrazar o besar, probemos a decir más veces “te quiero”, y no sólo en ‘ocasiones especiales’ o como recurso a la desesperada… Quizás las palabras que salen de dentro, las que brotan a borbotones de sinceridad, acaben dando tanto calor como un abrazo.

Y sí, a mi también me gustaría que no hubiera llegado ‘esto’ y no digo que no tengas derecho a quejarte pero, por favor, solo de vez en cuando y bajito.

Vicente Martín

Periodista

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